El soldadito se situó detrás de una tabaquera que habia sobre la mesa, y desde alli pudo contemplar a sus anchas a la linda bailarina, que continuaba sosteniéndose sobre un pie sin perder el equilibrio. Cuando se hizo de noche, los otros de plomo fueron guardados en la caja. Y cuando reinó el silencio, los juguetes empezaron a jugar por su cuenta… Los únicos que no se movieron de su sitio fueron el soldadito de plomo y la bailarina. Ella seguia sosteniéndose sobre la punta de un pie.
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